Errores que Incrementan hasta un 40% el Costo de Construir una Casa en 2026

Errores que Incrementan hasta un 40% el Costo de Construir una Casa en 2026

Construir una casa en 2026: los siete errores que pueden aumentar el costo final hasta un 40%

Una buena planificación reduce sobrecostos durante la obra. El regreso del crédito hipotecario y una mayor estabilidad en los costos de la construcción han revitalizado el sueño de la casa propia para muchas familias. Sin embargo, quienes optan por construir desde cero enfrentan un desafío recurrente: iniciar la obra sin una planificación integral puede resultar en sobrecostos que eleven el presupuesto final entre un 25% y un 40%. Los especialistas coinciden en que el error más frecuente es pensar únicamente en el valor del metro cuadrado y dejar de lado los gastos que surgen a medida que avanza la obra.

El mito del costo por metro cuadrado

Tomar como referencia un valor promedio por metro cuadrado es útil para una primera aproximación, pero no refleja la inversión total. “Hoy es un mejor momento porque hay un panorama macroeconómico más claro, los valores ya se consolidaron y se flexibilizaron los planes de financiación”, analiza Matías Chirom, CEO de Baigun Realty. Sin embargo, antes de iniciar el proyecto, es fundamental calcular el costo completo y asegurarse de poder afrontar todas las etapas de la obra. Basar el presupuesto solo en el m2 ignora costos indirectos. Según Horacio Ludigliani, director de Grupo Ludigliani, el valor del metro cuadrado suele contemplar únicamente la construcción básica. “Luego surgen otros costos: honorarios, permisos y terminaciones”, sostiene. Estima que el metro ronda entre US$ 900 y 1.050 en una vivienda económica, y desde US$ 1.500 en adelante en una premium, pero la falta de planificación puede encarecer la obra entre un 25% y un 40%. La arquitecta Lucía Schimied, coordinadora del INCOSE, añade que una planificación adecuada optimiza tiempos y reduce imprevistos. “Pensar en los costos directos e indirectos como fijos lleva a un error básico: muchos costos importantes ocurren hacia el final de la obra”. Para la especialista, el Steel framing, sistema de construcción en seco industrializado, reduce este error al generar obras que duran el 30% de lo que sería la obra húmeda equivalente. Desde la AAPE (Asociación Argentina del Poliestireno Expandido) coinciden en que basarse en el metro cuadrado ignora gastos como estudios de suelo, seguros de obra, permisos municipales, conexiones a servicios, honorarios profesionales y la inversión en aislación térmica.

Cambiar el proyecto cuando la obra ya empezó

Otro error común es avanzar sin tener todas las decisiones definidas. Cada modificación implica demoliciones, materiales adicionales y más horas de trabajo. “Es muy común que surjan gastos no contemplados por resolver detalles sobre la marcha o realizar cambios durante la obra”, afirma Nicolás Degano, director de la Unidad Eidico Vivienda. Modificar un plano o cambiar un revestimiento cuesta entre tres y cinco veces más que si se hubiera definido durante el proyecto original. Romper cuesta el triple, ejemplifica Lucas Álvarez, marketing manager de Mapei Argentina. Ludigliani concuerda: “Mover una pared, cambiar un baño o reemplazar revestimientos ya comprados implica demoler, volver a construir y sumar mano de obra”. Un aspecto que suele quedar fuera del presupuesto inicial es el estudio de suelo. Aunque representa menos del 0,5% del costo de la obra, omitirlo puede provocar asentamientos y problemas estructurales cuya reparación resulta mucho más costosa, advierte Álvarez.

Ahorra en lo que no se ve

Impermeabilización, aislación térmica y calidad de las aberturas suelen quedar relegadas cuando el presupuesto se ajusta. Sin embargo, los especialistas coinciden en que son algunos de los rubros donde menos conviene recortar. “A los dos años, ese ‘ahorro’ inicial se pagó multiplicado por tres”, asegura Álvarez. Sin aislamiento térmico eficiente, se puede gastar hasta un 40% más por año en calefacción y aire acondicionado. La AAPE señala que una vivienda sin una aislación térmica adecuada puede incrementar entre un 50% y un 70% el consumo de energía destinado a calefacción y refrigeración durante toda su vida útil. Degano agrega que la calidad de las ventanas también es determinante y recomienda acompañar el aislamiento con carpinterías de doble vidriado hermético (DVH) para mejorar la eficiencia energética. Una mala impermeabilización puede llevar a humedades que arruinan paredes. La arquitecta coincide: “Los ‘ahorros’ en impermeabilización pueden resultar en patologías muy costosas de resolver. Invertir en aberturas y aislamiento térmico se traduce en un ahorro a largo plazo.”

Las terminaciones, el gasto que muchos subestiman

Cuando la estructura está terminada, suele aparecer la sensación de que lo más costoso ya pasó. Sin embargo, ocurre lo contrario. Según los especialistas, las terminaciones representan entre el 30% y el 45% del costo total de una vivienda. “Muchos invierten todo el presupuesto en porcelanato o un revestimiento de diseño y ahorran en los productos necesarios para colocarlo correctamente”, advierte Álvarez. A esto se suma otro factor que suele pasar inadvertido: el tiempo. Cada mes adicional de obra implica seguir pagando mano de obra, afrontar posibles aumentos de materiales y, en muchos casos, continuar abonando un alquiler.

Construir más metros de los necesarios

Pensar en ambientes para un uso futuro puede convertirse en un gasto innecesario. “Muchas personas construyen metros de más pensando que algún día los van a necesitar. Pero esos espacios generan gastos de mantenimiento, impuestos y climatización”, señala Ludigliani. La tendencia apunta a optimizar los ambientes y diseñar viviendas más eficientes. En un contexto de mayor estabilidad económica y recuperación del crédito hipotecario, construir vuelve a ser una alternativa para acceder a la casa propia. Sin embargo, más allá del valor del metro cuadrado, el éxito del proyecto depende de una buena planificación inicial: definir el presupuesto completo, evitar cambios sobre la marcha e invertir en aquellos aspectos que, aunque no siempre se vean, son los que terminan marcando la diferencia entre una obra ordenada y una cadena de gastos imprevistos. Fuente: Rocío Bravo Ver nota original

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