Carlos Spina, vicepresidente de CEDU-AEV, destaca la transformación del financiamiento de viviendas nuevas en desarrollo económico y empleo formal

Carlos Spina, vicepresidente de CEDU-AEV, destaca la transformación del financiamiento de viviendas nuevas en desarrollo económico y empleo formal

Carlos Spina, vicepresidente de CEDU-AEV: “Cuando financiamos una vivienda nueva, ese dinero se transforma en tierra, proyecto, obra, materiales, transporte, proveedores, profesionales, impuestos y empleo formal registrado”

La posibilidad de que la Argentina vuelva a tener crédito hipotecario de largo plazo es una excelente noticia. Carlos Spina, vicepresidente de la Cámara Empresaria de Desarrolladores Urbanos (CEDU-AEV), sostiene que el hecho de que el Estado deficitario haya dejado de llevarse la disponibilidad de fondos de mediano y largo plazo es fundamental. Además, resalta que el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) comience a aportar fondeo para que los bancos amplíen su oferta es un paso particularmente importante. Después de décadas en las que el crédito hipotecario prácticamente desapareció, recuperar la posibilidad de que una familia convierta sus ingresos futuros en una vivienda presente es, como señala Juan Curutchet, “mucho más que una cuestión financiera”. Se trata de reconstruir una herramienta de movilidad social, ahorro y formación de patrimonio. Spina destaca la importancia de que el Crowding Out desaparezca y que vuelvan los sujetos reales de crédito. Spina enfatiza que es necesario dar un paso más. En sus palabras, “la necesidad de pasar de financiar solamente stock a financiar también flujo” es vital para aprovechar todo el potencial económico del crédito hipotecario. Esto no solo es justo para quienes buscan acceder a una vivienda, sino que también es necesario para una economía que necesita inversión y empleo. Permitir que miles de familias accedan a su casa moviliza el mercado inmobiliario y reconstruye una cultura del crédito que la Argentina había perdido. Cuando financiamos la compraventa de una vivienda existente, facilitamos una transferencia de patrimonio. En cambio, al financiar una vivienda nueva, no solo se permite el acceso a la propiedad, sino que se genera un bien que antes no existía. Este proceso transforma el dinero en tierra, proyecto, obra, materiales, transporte, proveedores, profesionales, impuestos y, fundamentalmente, empleo formal registrado. Esta distinción es aún más crucial ahora que parte del fondeo hipotecario comienza a provenir del FGS. Celebra esta decisión, ya que el FGS representa ahorro de largo plazo, mientras que las hipotecas son activos que también requieren plazos prolongados. La posibilidad de que estos recursos contribuyan al desarrollo de un mercado hipotecario robusto podría ayudar a resolver uno de los principales problemas que enfrentan los bancos: conseguir fondeo a plazos compatibles con créditos de 20 o 30 años. Spina aboga por un enfoque integral. La discusión no debería limitarse a si el FGS puede financiar hipotecas, sino a cómo lograr que, respetando criterios de seguridad y rentabilidad, una parte de ese financiamiento genere el mayor impacto posible en la economía real. Actualmente, se cuenta con herramientas como las hipotecas divisibles para proyectos inmobiliarios, que permiten construir el puente entre el crédito hipotecario y la vivienda en desarrollo. Finalmente, Spina concluye que no propone reemplazar el crédito a viviendas usadas, sino que espera que crezca y mejore en condiciones. Lo que busca es completar el círculo: si se logra que una parte creciente del ahorro de largo plazo financie hipotecas sobre viviendas nuevas, el efecto se multiplica. El ahorro se convierte en crédito, el crédito en inversión, la inversión en nuevas viviendas y esas viviendas en actividad y empleo. Una sociedad de propietarios no solo necesita crédito y estabilidad, sino también más empleo y viviendas para esos futuros propietarios. Fuente: Carlos Spina Ver nota original

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