“`html
Un estudio de la Universidad de Minnesota revela un dato desconocido sobre las personas desordenadas
La terapeuta KC Davis compartió la importancia de aceptar y brinda soluciones prácticas para convivir en ese estado.
10 de enero de 2026
19:28
La confesión de la gurú de la limpieza japonesa de que no es tan malo aceptar el desorden generó opiniones diversas. El desorden puede ser el reflejo de una mente creativa en acción, no un defecto que haya que corregir.
Como terapeuta, escribo sobre trucos domésticos para gente desordenada. Cuando publico videos sobre mi casa, donde la ropa limpia se lanza sin doblar en cestos y un cubo de basura gigante se desplaza por mi cocina, la sección de comentarios estalla con críticas. Sin embargo, mi bandeja de entrada privada es diferente. La gente me dice que mi aceptación del desorden está revolucionando sus vidas.
“¿Me estás diciendo que no soy una persona horrible y que no me estoy inventando excusas?”
“Acabo de encontrarte y ya estoy llorando de alivio porque no soy la única.”
El mundo es duro con la gente desordenada. Antes pensaba que el hogar de una mujer madura y exitosa era un refugio luminoso, con las camas hechas y todas las cosas ordenadas en contenedores ingeniosamente etiquetados. Mi casa nunca ha tenido ese aspecto. Durante años, sentí que no superaba la prueba estética para ser adulta. Pero hace cuatro años acepté algo que me liberó: soy desordenada.
La ropa limpia puede esperar a ser doblada, porque la prioridad no es el orden perfecto.
El desorden debería ser celebrado. Sin embargo, es visto como un problema que hay que resolver, un mal hábito que hay que corregir. En el mejor de los casos, podrías perdonarte a ti mismo o bromear sobre tu “defecto de carácter”, ya que nuestra cultura asocia el desorden con la pereza.
Llevo años defendiendo que ser desordenado no es un defecto moral. Pero quiero ir un paso más allá: el desorden puede ser algo positivo. Todas las comunidades necesitan personas desordenadas. A pesar de nuestros esfuerzos, no nos convertiremos en el armario de Marie Kondo, porque somos el escritorio de Albert Einstein.
La ropa tirada no es descuido, es el testimonio de una vida vivida sin filtros.
Las partes de mi cerebro que me permiten producir trajes renacentistas hechos a mano son las mismas que generan un comedor lleno de retazos de tela. Es hora de que admitamos que lo que nos hace sobresalir no puede separarse de lo que nos hace dispersos.
La ciencia respalda esto. Por ejemplo, las personas con TDAH suelen ser desordenadas porque el área de su cerebro que controla la gestión del tiempo y la memoria funciona de manera diferente. Este funcionamiento atípico también puede fomentar un mayor pensamiento divergente y creatividad, según algunas investigaciones.
Un estudio de la Universidad de Minnesota evaluó el rendimiento creativo de estudiantes en oficinas desordenadas versus ordenadas. Los participantes en la sala desordenada no solo generaron la misma cantidad de ideas, sino que sus propuestas fueron consideradas más creativas por jueces independientes.
Las personas desordenadas deben considerar a los demás y proporcionar un entorno seguro e higiénico.
La buena noticia es que puedes llevar una vida funcional como persona desordenada sin convertirte en alguien ordenado, utilizando métodos que trabajen a tu favor. Al dejar de esforzarme por ser ordenada, descubrí formas creativas de limpiar que funcionan para mí.
En lugar de centrarme en guardar siempre las cosas, me aseguro de que cada habitación tenga una papelera y un cesto de ropa sucia. Cuando el desorden se vuelve abrumador, me tomo unos minutos para organizarlo, evitando así perder tiempo y energía en mantener una imagen ordenada.
Me enfoco en lo que funciona para mí, no en lo que piensan los demás.
Al aceptar mi desorden, las tareas domésticas se hicieron más sencillas, no más complicadas.
KC Davis es terapeuta en Texas y autora de “Cómo mantener la casa mientras se ahoga”.

