Construcción: Razones del Aumento del Costo por Metro Cuadrado a Pesar de la Caída del Dólar

Construcción: Razones del Aumento del Costo por Metro Cuadrado a Pesar de la Caída del Dólar

Construcción: El Dato que Preocupa al Sector y las Razones de la Suba del Costo por Metro Cuadrado con un Dólar que Baja

El impacto real para el inversor se siente en el bolsillo dolarizado; debido a la baja del dólar paralelo, el costo por metro cuadrado saltó más de US$50 en un mes.

Fecha: 18 de marzo de 2026

La baja del dólar empujó hacia arriba el valor del metro cuadrado. El mercado inmobiliario argentino atraviesa un escenario de contrastes marcados, en el que la situación del costo de construcción pone en jaque a los desarrolladores, quienes enfrentan costos que continúan a la suba, pero en menor medida que en 2023/2024.

El valor de construir volvió a subir en dólares a comienzos de año. Aunque los aumentos en pesos fueron moderados, la baja del tipo de cambio paralelo terminó empujando hacia arriba el valor del metro cuadrado medido en moneda estadounidense.

De acuerdo con los datos del Índice del Costo de la Construcción (ICC) que publica el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, en enero el costo del m² aumentó 3,3% mensual y se ubicó en $1.376.901,50. Si ese valor se convierte al dólar blue promedio de ese mes, que rondaba los $1505, el resultado arroja un costo cercano a US$915 por m².

Un mes después, el índice marcó un nuevo incremento. En febrero, el costo del m² llegó a $1.391.033, mientras que el dólar blue se movía alrededor de $1435. Con ese tipo de cambio, el valor de construcción pasó a ubicarse en torno a US$969 por m².

Esto implica que construir se encareció cerca de un 6% en dólares en apenas un mes, pese a que el aumento en pesos fue mucho menor. La explicación está en el movimiento del tipo de cambio: cuando el dólar baja o se mantiene estable mientras los costos en pesos suben, el valor de construir medido en moneda extranjera tiende a incrementarse.

Hay un dato clave que suele quedar fuera del radar: el costo de construcción que releva la Ciudad de Buenos Aires no contempla el valor del terreno ni una serie de ítems que, en la práctica, son inevitables. Impuestos, honorarios profesionales, comercialización y la rentabilidad del desarrollador no están incluidos, lo que deja ese número bastante lejos del costo real de un proyecto.

“Cuando sumás todo lo que no está en el índice, el número cambia de escala”, resume Juan Manuel Tapiola, CEO de la desarrolladora Spazios. Y detalla tres factores que explican esa brecha:

IVA y otros impuestos: son determinantes. En la construcción, se pagan al inicio de la obra, pero recién se recuperan años después, al momento de la posesión. Este ítem puede agregar entre un 20% y un 30% al costo total.
Estructura: ninguna obra funciona “en el aire”. Se necesita un equipo operativo, administrativo y técnico para llevarla adelante. Este costo, que el índice oficial no contempla, suma alrededor de un 10%.
Proyecto: no es opcional. Sin proyecto no hay obra posible. Sin embargo, tampoco está incluido en la medición oficial. Representa otro 10% adicional.

Con estos ajustes sobre la mesa, los números cambian. Según desarrolladores consultados por LA NACION, construir una vivienda “económica” arranca en torno a los US$1500 por m² (más de $2 millones al tipo de cambio actual). En el otro extremo, una propiedad de mayor categoría, con materiales y terminaciones premium, puede escalar hasta los US$4000 por m² (casi $6 millones).

Este indicador es seguido de cerca por desarrolladores e inversores del sector inmobiliario, ya que el valor del metro cuadrado de construcción se consolida como una de las variables que impactan directamente en la dinámica de los precios inmobiliarios y en las decisiones tanto de desarrolladores como de particulares que evalúan construir.

De esta manera, el mercado inmobiliario argentino está viviendo una escena de película con dos finales simultáneos y contradictorios. Mientras que el sector residencial alcanzó máximos históricos de escrituras en el último año, impulsado por el regreso del crédito hipotecario UVA, la construcción queda a contramano.

La Situación en 2025

Tras años de sequía financiera, el fondeo volvió a canalizarse hacia la vivienda y tuvo un impacto inmediato sobre la demanda, especialmente entre fines de 2024 y mediados de 2025, cuando la reactivación del crédito se dio “con fuerza”, traccionando operaciones tanto en CABA como en la provincia de Buenos Aires.

El dato es contundente: en 2025, el ratio hipotecas/escrituras superó el 15%, duplicando el promedio de los últimos cinco años y alcanzando su mayor nivel desde 2018. Es un giro relevante frente al predominio casi absoluto del pago al contado que caracterizó el período 2019–2023, cuando prácticamente no había crédito.

En números, en 27 años, el 2025 se ubicó como el quinto mejor período. Cerró casi cumpliendo las expectativas del mercado con 69.461 escrituras firmadas en la ciudad de Buenos Aires —se esperaban 70.000—: un 26,8% más que el 2024, que había cerrado con 54.770 operaciones, según datos del Colegio de Escribanos porteño.

Del total de escrituras, casi 14.000 fueron con hipoteca. Es decir, cerca del 20% del total se compró con crédito hipotecario, lo que representa un crecimiento del 180% respecto al 2024. A pesar de esos números, no fue suficiente para alcanzar el boom que se dio entre 2017 y 2018, cuando los créditos UVA impulsaron al mercado inmobiliario.

El mercado vende stock existente, pero la reposición de nuevas unidades avanza a menor ritmo. Este cambio de clima se reflejó también en los precios. Según el informe de BBVA Research sobre la situación inmobiliaria y de la construcción de cara a 2026, en CABA, los tres segmentos (pozo, a estrenar y usados) mostraron subas interanuales que oscilaron entre 5% y 11% durante 2025.

La dinámica fue más sostenida y menos dispersa que en 2024. Se trata de una recomposición gradual, sin saltos abruptos, pero suficiente para asegurar que el piso ya quedó atrás.

El gran interrogante sobre su futuro se encuentra en la construcción. Ya que, entre fines de 2023 y el tercer trimestre de 2025, el PBI nacional acumuló una mejora de casi el 2%, pero la construcción fue la rama más golpeada, sufrió una contracción del 11%.

¿Se Venden Más Propiedades, Pero se Construye Menos?

La respuesta reside en un cambio de paradigma: estamos ante un mercado que está liquidando stock existente, pero que no repone de la misma manera. Se venden departamentos que ya estaban construidos o en etapas avanzadas, pero no se lanzan proyectos nuevos en proporción equivalente.

Hay tres razones centrales detrás de este fenómeno que se explican en el informe de BBVA:

El fin de la “oportunidad”: durante años, construir era sensiblemente más barato que comprar una unidad terminada. Esa brecha generó lo que en economía se conoce como la Q de Tobin: cuando el costo de reposición es menor al valor de mercado, conviene invertir. Ese ratio cayó alrededor de 30% en el mercado informal. Es decir, ya no es un negocio obvio volcar dólares al pozo, por lo que la ventana se achicó.
La presión sobre los márgenes: el Índice de Costo de la Construcción (ICC) volvió a crecer por encima del valor de venta del metro cuadrado. De esta manera, el desarrollador enfrenta una ecuación incómoda: cada metro cuesta más producirlo, pero el mercado no convalida subas ilimitadas en el precio final sin resentir la demanda.
El vacío que dejó la obra pública: la retracción fue histórica y el sector privado aún no logra compensarla. En economías como la argentina, la construcción pública funciona como estabilizador.

El problema es que ese motor todavía funciona a media máquina. Los permisos de edificación y los despachos de materiales continúan por debajo de los niveles previos a la pandemia, aunque en 2025 se observó una leve recuperación de la superficie autorizada y un aumento en la escala promedio de los proyectos, reflejando el avance de desarrollos de mayor envergadura.

La construcción reacciona con mayor sensibilidad y rezago frente a la macroeconomía. Aunque el PIB mejore, la inversión depende de expectativas de largo plazo y previsibilidad. Hoy la prioridad es planificar con prudencia y asegurar respaldo contractual antes de iniciar nuevas etapas.

Para Valdes, hay un “elefante en la habitación” que nadie quiere nombrar: la presión impositiva. Sin una reforma impositiva profunda que complemente la laboral, será