Casas en 48 horas con hasta 40% más baratas que el ladrillo: cómo funciona la nueva forma de construir española que llega a la Argentina
UNA IMPRESORA 3D DE ORIGEN ESPAÑOL BUSCA DESEMBARCAR EN EL MERCADO LOCAL CON UN SISTEMA QUE FÁBRICA LA OBRA GRIS EN DOS DÍAS.
*15 de septiembre de 2026*
*6 minutos de lectura*
La tecnología avanza a pasos agigantados y el sector de la construcción no quiere quedarse atrás. Un mercado que ha sido golpeado por el constante aumento de costos, sigue enfrentando uno de sus principales desafíos: la eficiencia. Por ello, desarrolladores y constructoras buscan alternativas innovadoras.
En este contexto, empieza a ganar terreno una tecnología que hasta hace poco parecía más propia de una película futurista que de una realidad: la impresión 3D de hormigón.
El concepto es simple aunque complejo en su ejecución: una máquina recibe un diseño digital y va depositando material capa por capa hasta crear paredes y otras estructuras. El objetivo es industrializar parte de un proceso que tradicionalmente se realizaba de forma artesanal, reducir desperdicios y generar más metros cuadrados en menos tiempo.
Una nueva tecnología de origen español busca desembarcar en la Argentina. Su propuesta: fabricar en 48 horas los muros necesarios para una vivienda de aproximadamente 120 m², utilizar solo dos operarios por turno y reducir entre un 30% y un 40% los costos en comparación con la construcción tradicional, según asegura la empresa que impulsa su llegada al país.
¿CÓMO FUNCIONA LA MÁQUINA?
Primero, se carga en el equipo el diseño de la estructura a fabricar. Luego, la máquina deposita sucesivas capas de una mezcla cementicia hasta formar la pared. La producción se realiza bajo techo, en un espacio controlado, y una vez que las piezas están listas, se dejan fraguar antes de ser trasladadas a la obra.
Una de las diferencias clave frente a otras tecnologías de impresión 3D de hormigón es que la máquina no necesita trasladarse de lote en lote. Lo que se transporta son las paredes. Esto permite que, mientras se prepara el terreno, se fabriquen las paredes en paralelo. Una vez listas, se trasladan en camión y se ensamblan en el lugar definitivo.
“Es como un Lego”, ejemplifica Posadas. Los paneles pueden fabricarse con cámaras interiores preparadas para permitir posteriormente el paso de instalaciones eléctricas y sanitarias, además de los materiales necesarios para la aislación.
Según Posadas, la principal ventaja de producir bajo techo es que el clima deja de condicionar gran parte del proceso. “Mientras llueve o truena, estás bajo techo y sigues produciendo muros”, explica. A diferencia de las máquinas que trabajan directamente en el lote, que pueden detenerse por lluvias o problemas del terreno.
Algo importante a aclarar es el tiempo en el que está lista la casa. “En 48 horas tenés los muros para hacer las paredes de toda la casa”, aclara Posadas. Luego comienza el proceso de fraguado del material, que puede demandar entre dos semanas y un mes, dependiendo de la mezcla y los aditivos utilizados.
Una vez que las piezas tienen la resistencia necesaria, comienza el montaje. Si la platea está terminada y la logística está bien organizada, el ensamblaje puede acelerarse notablemente.
Con toda la cadena organizada, una vivienda puede ensamblarse en aproximadamente una semana, según experiencias de Brasil. Así, el sistema podría reducir hasta un 60% el tiempo total de construcción frente a métodos tradicionales, dependiendo del proyecto.
Además, el ahorro inicial podría ser entre un 30% y un 40% respecto a la construcción tradicional, aunque esto puede variar según la escala del desarrollo, la logística, los proveedores y las terminaciones elegidas. “La idea es tener el metro cuadrado terminado por debajo de los US$1000”, afirma.
El equipo que buscan comercializar en Argentina tiene un valor aproximado de US$800.000, sin contar impuestos aduaneros, y el plazo desde la compra hasta su llegada al país oscila entre tres y cuatro meses.
¿QUÉ SE NECESITA PARA PONERLA A FUNCIONAR?
Para utilizar esta impresora, se requiere una nave de al menos 200 m² para que la máquina funcione adecuadamente, un lugar donde fragüen los muros, conexión trifásica y dos personas por turno. “Con eso ya está”, resume Posadas.
El desembarco incluye la instalación de los equipos, capacitación y soporte técnico local. Técnicos acompañarán durante unos 10 días la puesta en marcha inicial para entrenar a quienes operen la impresora y asegurar su correcto funcionamiento antes de comenzar a producir regularmente.
Aunque las casas son el uso más atractivo para mostrar la tecnología, el negocio que Posadas imagina para Argentina es más amplio. Los desarrollos residenciales a gran escala son un mercado potencial, donde repetir el mismo proceso permite aprovechar mejor la capacidad de producción de la máquina. También hay oportunidades en vivienda social, minería y naves industriales.
La duración de una casa impresa es comparable a la del hormigón convencional. Según la empresa, el mortero utilizado ofrece resistencias similares o superiores y la vida útil proyectada supera los 50 años, siempre que se realice el mantenimiento adecuado.
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